Lo que te trajo aquí, no te llevará allá

La inteligencia emocional es cada vez más importante a medida que se asciende en la escala del éxito profesional.

Lo que te trajo aquí, no te llevará allá

Cómo las personas exitosas se vuelven aún más exitosas

La inteligencia emocional es cada vez más importante a medida que se asciende en la escala del éxito profesional. El libro What Got You Here, Won't Get You There describe algunos de los hábitos que suelen frenar a las personas que han alcanzado cierto éxito de seguir avanzando, y explica cómo cambiarlos.

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Entre más avanzas en tu carrera, tu éxito dependerá de tu habilidad de relacionarte con otras personas. La forma más rápida de mejorar esto es solicitar y aceptar crítica honesta.

En 1 Minuto:

  • A medida que alcanzamos mayores niveles de éxito nos volvemos más supersticiosos
  • Apreciar cuando se evitan errores es tan importante como reconocer los aciertos
  • El mal comportamiento suele perdurar porque creemos que la personalidad es fija
  • No dejes que el querer ganar anule tus valores y sentido común
  • Aprende a escuchar sin tratar de mejorar las ideas
  • Obsesionarte con los objetivos puede deformar tus valores y nublar tu juicio
  • Aceptar críticas te ayudará a cambiar los malos hábitos
  • Pedir disculpas y expresar gratitud tiene un efecto poderoso
  • Pide retroalimentación constantemente

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En 15 Minutos

1. Muchos de nosotros nos volvemos cada vez más supersticiosos a medida que alcanzamos mayores niveles de éxito.


Incluso si literalmente no ‘tocas la madera’ cada vez que hablas bien de tu propia suerte, puede que sigas siendo propenso a pensar en supersticiones. No eres la única persona. Muchos damos demasiado valor a las malas prácticas que asociamos erróneamente con el éxito.

Cuando nos comportamos de una manera determinada y conseguimos el objetivo, creemos de forma natural que debemos repetir el mismo patrón. Suponemos que el éxito se produjo gracias a nuestro comportamiento. Cuando, posiblemente sea a pesar de nuestro comportamiento.

El autor, Marshall Goldsmith, observó esto con un ejecutivo al que coachaba. El ejecutivo siempre obtenía excelentes resultados, pero era un pésimo oyente. Como su rendimiento era por lo demás intachable, sus colegas simplemente aceptaron este defecto y decidieron que era inútil expresar sus opiniones.

Mientras tanto, el ejecutivo se convenció de que su mala capacidad para escuchar era en realidad crucial para su éxito. Le protegían de “las malas ideas” y para “proteger su creatividad”.

Este tipo de lógica errónea no es fácil de corregir porque las personas exitosas suelen ponerse a la defensiva cuando se les critica.

Imagínate cómo respondería el ejecutivo si le dijeras que escuchara mejor. Sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que pensaba que su comportamiento le beneficiaba por completo.

Pero en el futuro, esa ventaja podría convertirse en una desventaja. Y es por eso que atribuir erróneamente el éxito al mal comportamiento puede ser peligroso.

Piensa en nuestro ejecutivo: A medida que ascienda en la empresa, sus habilidades con la gente serán cada vez más valiosas. ¿Y durante cuánto tiempo sufrirán sus subordinados y equipo su flagrante desprecio por sus opiniones?

2. Apreciar cuando se evitan errores es tan importante como reconocer los aciertos

Supongamos que acabas de cerrar un contrato importante. Probablemente, pienses que es solo cuestión de tiempo que tu jefe te felicite.

¿Pero qué pasaría si, durante la negociación, de repente te dieras cuenta de que el acuerdo no sería rentable para la empresa y decidieras dar marcha atrás? ¿Esperarías aún muchos elogios de tu jefe? Probablemente no.

Estamos acostumbrados a que nos elogien por un trabajo bien hecho, pero no estamos acostumbrados a honrar a las personas cuando evitan tomar malas decisiones.

Esto se debe a que, en el acelerado entorno empresarial actual, los profesionales se enfrentan a una presión constante para obtener grandes resultados. Y, a menudo, creemos que para obtener esos resultados hay que aportar algo nuevo.

Pero esto no funciona de la misma manera en nuestra vida personal. Imagina que dejas de fumar: Seguro que te felicitarías por ese logro.

Debería funcionar de la misma manera en un contexto empresarial, ya que evitar un mal negocio puede tener un mayor impacto en el resultado final que realizar una buena venta.

Pensemos en Gerald Levin, antiguo presidente de Time Warner. En la década de los 90, se labró una reputación envidiable creando HBO y transformando Time Warner en una potencia. Pero entonces cometió un grave error: ideó una fusión con AOL, y casi destruyó a Time Warner. Si Levin hubiera frenado y se hubiera alejado de ese acuerdo, podría haber preservado su legado.

Entonces, ¿cuál es la solución? Bueno, las empresas deberían animar a sus empleados a dejar de tener un comportamiento destructivo. Se trata de cambiar la cultura, y eso empieza desde arriba.

3. El mal comportamiento suele perdurar porque creemos que la personalidad es fija

A menudo pensamos que el comportamiento de las personas forma parte de su personalidad. Tanto lo positivo ("soy leal") como negativo ("interrumpo a la gente"). Creemos que nuestro comportamiento es inmutable. Así que nos excusamos diciendo: "¿Qué puedo hacer? Así soy yo".

Esto es especialmente cierto en el caso de las personas exitosas, que tienden a suponer que tienen derecho a un par de defectos. ¡Pero un defecto no es una virtud! Y la verdad es que estos malos hábitos alejan a la gente y nos frenan a largo plazo.

Considera la historia del director general que nunca dio a su equipo una retroalimentación positiva. No es que opinara que no merecían ser felicitados; simplemente decía que no era una persona que elogiara excesivamente a la gente.

Pero después de trabajar con Goldsmith, el director general acabó dándose cuenta de que su comportamiento no estaba ayudando a su personal a rendir al máximo. Así que dejó de lado las ideas fijas que tenía sobre su propia personalidad y empezó a reconocer a sus empleados que trabajaban duro con regularidad. Y pronto empezó a ver mejores resultados.

Otra razón por la que las personas de éxito se quedan atascadas en los malos hábitos es que no se dan cuenta de cómo su comportamiento se transmite a los demás.

Por ejemplo, un experto en finanzas tuvo la posibilidad de trabajar con un gigante empresarial. En la entrevista preliminar, el confiado consultor se esforzó por vender su experiencia y sus éxitos anteriores. Pero al narrar sus propios éxitos, el consultor pasó totalmente por alto las necesidades del cliente potencial y se olvidó de hacer las preguntas pertinentes. Así, al final, perdió el trabajo de su vida.

4. No dejes que el querer ganar anule tus valores y sentido común

Con demasiada frecuencia, las personas con éxito no saben distinguir entre querer ganar y querer ganar demasiado. La primera parte puede ser un buen motivador, y la segunda es un problema.

Es natural querer ganar, pero es importante no llevarlo demasiado lejos. Y esto no es solamente una cuestión profesional, sino también personal.

Imagina que tú y tu pareja están intentando elegir un restaurante. Después de mucho debatir entre dos opciones, eligen comer en el lugar que ha elegido tu pareja. Por desgracia, resulta ser una mala decisión. ¿Qué harías al respecto? ¿Pasarías toda la noche quejándote y dando a entender de forma no muy sutil que esto nunca habría ocurrido si tú hubieras tomado las decisiones? ¿O te callarías y harías un esfuerzo por disfrutar de la velada?

Cuando el autor pide a sus clientes que se imaginen en este escenario, el 75 por ciento dice que probablemente acabaría criticando al restaurante.

Esto se debe a que las personas con éxito tienen el deseo compulsivo de ganar, incluso cuando es inútil. Así que es importante luchar contra este deseo, para evitar que anule tu sentido común.

Por ejemplo, supongamos que llegas a casa después de un largo día. Tu pareja ya está en casa, refunfuñando sobre su propio mal día, y cuando lo oyes, instantáneamente sientes la necesidad de interrumpir, de competir, describiendo tu propio día miserable en detalle. Así de desordenado puede llegar el afán de ganar. ¡Incluso queremos ganar siendo más desgraciados que la persona a la que queremos!

Pero puedes darle la vuelta. Cuando sientas el deseo de ganar y demostrar que tu posición es la correcta, piensa: ¿Merece realmente la pena el esfuerzo? ¿No sería mucho más satisfactorio suprimir ese impulso?

5. Aprende a escuchar sin tratar de mejorar las ideas

La necesidad de ganar también provoca la necesidad de mejorar las ideas de los demás. Pero esta necesidad no te ayudará a largo plazo, porque cuanto más alto subas, menos importa. En la cima, se trata de ayudar a que los demás ganen, no de conseguir victorias personales.

A muchos líderes experimentados les cuesta escuchar nuevas ideas sin añadir su propio punto de vista. Imagina que un colega llega a tu oficina con una gran idea. Está super entusiasmada y tú estás de acuerdo: ¡es una gran idea! Y, sin embargo, sigues pensando que podrías mejorarla con unos pequeños cambios. Aunque supongas que estás ayudando, tus sugerencias probablemente reducirán el entusiasmo y el compromiso de tu colega con el proyecto. Porque ahora será tu idea, no la suya.

Esto es algo crucial que hay que tener en cuenta. Como líder, puedes creer que estás dirigiendo una democracia. Pero tus empleados pueden verlo como una monarquía, lo que significa que tratarán tus sugerencias como órdenes directas. Y eso hace que sea difícil que no estén de acuerdo contigo, lo que puede ser enormemente desmotivador.

Eso es lo que ocurrió cuando el equipo de diseño de una importante empresa de alimentación presentó ideas de envasado a su director general. Su jefe sólo tenía una sugerencia: Pensaba que debían cambiar el color y hacerlo azul, que representa una sensación de lujo. Los diseñadores aceptaron su sugerencia y crearon un nuevo prototipo. El director general quedó satisfecho, pero se preguntó en voz alta si el envase no sería mejor en rojo (su versión original). Al final, sus empleados estaban confundidos y desanimados.

Para evitar estas situaciones, ponte a prueba para ver cómo respondes a tus empleados. Si te sorprendes a ti mismo diciendo: "¡Gran idea!", pero siempre añades un "pero" o "sin embargo" extra a tus frases, deberías reconsiderar tu enfoque.

6. Obsesionarte con los objetivos puede deformar tus valores y nublar tu juicio

Debajo de la mayoría de estos comportamientos negativos, hay una única causa raíz: la obsesión por los objetivos. Es lo que sucede cuando uno se centra tanto en resultados específicos que se olvida del panorama general.

Por supuesto, centrarse en los objetivos es útil, que nos motiva a lograr lo que nos proponemos. Pero cuando va más allá de lo razonable, la obsesión por los objetivos nos deforma, distorsionando nuestro sentido del bien y del mal.

Marshal Goldsmith trabajó una vez con una ejecutiva de marketing que era la personificación de una persona emprendedora: Era creativa, enérgica y siempre obtenía grandes resultados. Pero se llevaba todo el mérito cuando informaba de los éxitos de su equipo a sus superiores, en lugar de dar a sus subordinados lo que les correspondía. En otras palabras, su obsesión por los objetivos la convertía en alguien que se atribuía el mérito de todo, incluso cuando no lo merecía. Por ello, se ganó una mala reputación entre su personal, y pronto se dio cuenta de que ya no podía retener a las personas talentosas.

Y así es como resulta a menudo la obsesión por los objetivos: Te desvía de tus objetivos reales y nubla tu juicio.

El experimento del Buen Samaritano es otro ejemplo de las trampas de la obsesión por los objetivos: A un grupo de estudiantes de teología se les pidió que atravesaran el campus para pronunciar un sermón sobre el tema del buen samaritano. Se les dijo que llegaban tarde y que tenían que darse prisa, porque la gente ya les estaba esperando. En su camino, los estudiantes se encontraron con un actor que interpretaba a un doliente abandonado, tosiendo y gimiendo en un callejón. El 90% de los estudiantes lo ignoraron en su prisa por cruzar el campus.

Al final, los estudiantes del seminario llegaron a tiempo para un sermón, pero el 90% ignoró al hombre que sufría. Evidentemente, estaban obsesionados con la cosa equivocada: dar la charla, en lugar de practicar lo que predicaban.

7. Aceptar críticas te ayudará a cambiar los malos hábitos

En teoría, todo el mundo aprecia los comentarios. Pero, en realidad, se nos dificulta enfrentarnos a las críticas.

A veces, solemos ser muy ilusos en lo que respecta a logros. Por ejemplo, el autor encuestó una vez a tres socios comerciales y les preguntó cómo contribuía cada uno de ellos a los beneficios de la empresa. La estimación combinada de los tres socios ascendía a más del 150%. En otras palabras, cada uno pensaba que contribuía a más de la mitad de los beneficios de la empresa.

Cuando se trata de personas que creen que rinden en la mitad superior de su grupo, no es difícil entender por qué no quieren oír comentarios negativos.

Los comentarios negativos son una oportunidad de aprendizaje enorme. E incluso si las personas que te rodean no verbalizan sus críticas, recibimos comentarios todos los días a través del lenguaje corporal, el contacto visual y el tiempo de respuesta. Es importante prestar mucha atención a estos valiosos momentos.

Cada vez que alguien haga un comentario casual sobre ti o tu comportamiento - "Oh, eso ha sido muy inteligente" o "Llegas tarde" o "¿Me estás escuchando?" - pon atención. Al final del día, revisa la lista y etiqueta cada comentario como positivo o negativo. Vuelve a hacerlo al día siguiente. Con el tiempo, surgirá un patrón.

Uno de los amigos del autor hizo esto durante una semana. ¿El comentario que más aparecía en su lista? "¡Sí, ya lo has dicho!". Se dio cuenta de que la gente pensaba que su repetición crónica era molesta.

Y si estás realmente comprometido a cambiar tu comportamiento molesto, también ayuda escuchar tus comentarios autocomplacientes.

Cuando la gente presume de sus "puntos fuertes", a menudo solamente está tratando de enmascarar sus debilidades. Por ejemplo, imagina a un amigo presumiendo de su puntualidad, cuando sabes que siempre llega 30 minutos tarde a las reuniones. ¿Haces tú lo mismo? Mantente alerta.

8. Pedir disculpas y expresar gratitud tiene un efecto poderoso

Aunque la mayoría de los padres enseñan a sus hijos buenos modales, algunas personas piensan que decir "gracias" o "lo siento" representa un comportamiento sumiso. Todos necesitamos utilizar esas palabras más a menudo.

La palabra "lo siento", aunque no lo parece, tiene un gran efecto. Pedir disculpas puede ayudar a cerrar correctamente un ciclo, lo que en última instancia le permite seguir adelante.

Este proceso de curación puede ocurrir solo después de haber admitido el fracaso. Así que una vez que estés preparado para disculparte, hazlo. No necesitas complicar las cosas justificándote: las explicaciones únicamente diluirán tu mensaje.

Richard Clarke, el antiguo Coordinador de Seguridad Nacional de Estados Unidos, siguió este enfoque cuando testificó en la Comisión del 11-S. Dirigiéndose a las familias, dijo: "Su gobierno les ha fallado, los encargados de protegerles les han fallado y yo les he fallado".

Muchos creyeron que Clarke estaba echando humo, que no tenía autoridad para disculparse. Pero al asumir la responsabilidad y disculparse, ayudó a la gente a seguir adelante después de la tragedia.

Y al igual que pedir disculpas, expresar gratitud también hacer milagros. Decir "gracias" es una forma de calmar las conversaciones tensas. Después de todo, es difícil discutir con alguien que acaba de darte las gracias.

El autor se dio cuenta por primera vez de esto cuando su avión dio un enorme bajón de repente. Pensó que estaba al borde de la muerte y su vida pasó ante sus ojos. Y se le ocurrió que había muchas personas a las que nunca había dado las gracias.

Pensamientos como éste no son inusuales. De hecho, es una de las primeras cosas que lamentan las personas cuando mueren sus padres: a menudo nos olvidamos de decirles lo mucho que les apreciamos cuando aún tenemos la oportunidad.

Por eso es muy importante dar las gracias a la gente tan a menudo como sea posible, siempre que sientas que te han ayudado de alguna manera. Pero asegúrate de que lo dices en serio.

9. Pide retroalimentación constantemente

Si quieres desechar tus hábitos molestos para siempre, necesitarás que otras personas reconozcan tus progresos. Buscar retroalimentación consistente es la mejor manera de obtener reconocimiento.

Haz un plan de seguimiento con tus colegas cada mes (durante un periodo de doce a dieciocho meses) y pregunta si tu comportamiento está mejorando.

Esta pregunta les obligará a considerar el esfuerzo que estás haciendo para cambiar. Y así, mes a mes, tus compañeros empezarán a aceptar poco a poco que tu comportamiento está mejorando. Y no será porque les digas que está cambiando, sino porque ellos mismos confirman su progreso.

Esta misma estrategia le funcionó a Ed Koch, que fue alcalde de la ciudad de Nueva York a finales de la década de 1970. Koch era famoso por recorrer los cinco distritos y preguntar a todas las personas con las que se cruzaba: "¿Cómo me va?". Con el tiempo, la pregunta se convirtió en un eslogan.

Y fue enormemente eficaz: la idea de que Koch estaba haciendo un esfuerzo serio por ser un alcalde eficaz quedó grabada en la mente de los votantes. Por no hablar de que si alguien respondía negativamente a su pregunta, tenía que actuar sobre la crítica para no volver a oírla.

La cuestión es que convertirse en un mejor líder es un proceso. Es decir, las personas no pueden cambiar de la noche a la mañana, a pesar de lo que digan todos los programas de formación, los discursos de motivación y los retiros para ejecutivos.

Esta idea puede sorprender a cualquiera que haya asistido recientemente a un programa de desarrollo de liderazgo. Normalmente, este tipo de iniciativas dan por sentado que, siempre que se entienda el problema, se podrá realizar un cambio. Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Después de todo, todo el mundo sabe que fumar es perjudicial para la salud. Y, sin embargo, algunas personas siguen sin poder dejar el hábito.

El cambio lleva tiempo, pero no significa que no pueda conseguir. Sólo se trata de poner en práctica los nuevos hábitos, hacer un seguimiento de los progresos y mantener los objetivos.

Conclusiones

La mayoría de las personas no se dan cuenta de la forma en que su comportamiento se transmite a sus compañeros y colaboradores. Ser más conscientes de nuestras acciones puede tener un gran impacto en nuestra capacidad para alcanzar el siguiente nivel de éxito personal y profesional. Aprender a escuchar y pedir a los demás una opinión crítica son dos pasos clave en el camino del cambio.

Accionables:

Si quieres identificar maneras de mejorar, pide retroalimentación a las personas interesadas en todos los niveles de tu organización.

La mejor manera de hacerlo es establecer una retroalimentación de 360 grados, y encuestar a sus compañeros, gerentes y empleados. Para que sea confidencial, que una tercera persona lleve a cabo las entrevistas, o usa herramientas digitales.

Pide a la gente su opinión sincera con cuatro principios:

  1. Deja atrás el pasado;
  2. Habla con la verdad;
  3. Ayuda, sin cinismo; y
  4. Encontrar algo en lo que ellos también puedan mejorar.

De este modo, la retroalimentación se centrará en las mejoras y no en juzgar a las personas.


¿Tienes retroalimentación?

Nos encantaría saber lo que piensas del resumen. Responde este correo con tus comentarios para ponerte en contacto.

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